
La crisis de Ucrania no ha modificado radicalmente el panorama internacional, pero sí puede decirse que está acelerando los cambios que ya habían comenzado. La propaganda occidental, que nunca antes había sido tan intensa, esconde principalmente a los pueblos de los países miembros de la OTAN la realidad de la decadencia de Occidente. Pero esa propaganda carece de efectos concretos sobre la realidad política. Rusia y China, y junto a ellas los demás países del grupo BRICS, van ocupando progresivamente el lugar que les pertenece por derecho en las relaciones internacionales.